En España disfrutamos de su presencia sobre todo en la cultura del “tapeo”. El elenco de variedades nos proporciona poder elegir y dar gusto a todos los paladares, y tanto con los finos y manzanillas del sur como con los vinos de cualquier región española, combinan excepcionalmente. Por supuesto, maridan igual de bien con la cerveza, tapa sencilla y tradicional de cualquier bar nacional.


Entre sus variedades diferenciadas por el color, destacan las verdes, negras y cambiantes. Algunas se destinan solo al consumo de mesa y otras a la producción de aceite, pero las hay que cumplen las dos funciones con éxito. Las más consumidas son las manzanilla, tanto sevillana como cacereña, la gordal sevillana, la hojiblanca, verdial, aloreña, picual o lechina. La variedad aragonesa se distingue por tener un proceso de curación-maduración que le otorga un sabor característico muy apreciado.

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Pero también las conocemos y escogemos por su elaboración, como son las rellenas, revueltas con otros encurtidos, loncheadas para pizza o machacadas y maceradas en adobo. Un ejemplo apreciado es el disfrutamos con las aceitunas de Campo Real, unas olivas con denominación de calidad y cuyo sabor a tomillo y ajo las hace muy características. De elaboración artesanal, gozan de gran acogida en todo el territorio nacional.

 

Porque al ser un producto de enorme calidad y aporte nutricional, todos los aderezos ensalzan su sabor. No en vano en el apartado de encurtidos son las reinas que combinan con anchoas, alcaparras, almendras o pimientos. Y si hablamos de “banderillas”, otra de las presentaciones tradicionales que conocemos, las aceitunas gordales logran un bocado exquisito y completo como ninguno.

 

Enteras o deshuesadas, rajadas o rellenas, y también en pasta para la olivada, las aceitunas son ese alimento festivo que nos acompaña toda la vida de la manera más discreta pero segura.