Los apasionados del picante adoran las guindillas, los chiles, las piparras y en general toda la variedad de los denominados encurtidos. Y no es para menos porque proporcionan sabrosos aperitivos y también se convierten en aliños de determinados platos, ensaladas e incluso guisos.

No nos equivocamos al sospechar que muchos de estos seguidores del sabor picante y el aliño a base de vinagre terminan intentando cultivar sus guindillas y preparando su propio embotado. Que como la propia palabra indica no es más que macerar en frascos o botes de cristal y hacerlo de manera artesanal para el uso fundamentalmente doméstico, pero también suelen ser viandas propias de bares y restaurantes.

Para los que no se complican demasiado y las adquieren en el mercado o la frutería, donde no siempre es sencillo encontrarlas excepto en verdulerías con gran surtido, los preparativos son fáciles. Todo empieza con la elección de las guindillas, ya que se pueden elegir totalmente verdes o coloradas, incluso a medio camino entre ambas y eso obedece a su fase de maduración en la propia mata.

guindillas

Una vez hecha la elección, tan sólo hay que lavarlas sin quitarles el rabo ni abrirlas, porque  forma parte de la mejor manera de hacerse con este exquisito pincho y llevárselo a la boca. Los más expertos señalan que dejarlas en remojo con sal durante una noche completa asegura un bocado más crujiente, así que es mejor probar el agua antes para no excederse en el salado.

Para los que jamás intentaron encurtir vegetales, tienen que saber que no se cuecen ni fríen, basta con la acción del macerado en vinagre para lograr que la carne del vegetal ofrezca una textura comestible. Y las guindillas embotadas son ejemplo de ello, así que hay quienes les gusta incluir otros sabores y aromas que aumenten su ya de por sí sabor inolvidable. Es el caso de las hierbas aromáticas en el vinagre de embotar, tales como romero, tomillo, laurel, ajos o salvia al gusto.

Ni que decir tiene que el líquido de maceración es el vinagre, en el que se sumergen una vez colocadas “punta abajo” en el frasco y que les cubra totalmente antes de cerrarlo. Una vez cerrado, la tradición manda un proceso igualmente tradicional: hervir el bote al baño maría, o lo que es igual, dentro de una olla con agua hirviendo durante unos minutos. A partir de ese momento, se conservan en perfecto estado hasta el momento de servirse, que puede ser perfectamente a partir de 12 y 15 días a partir del embotado de las guindillas.

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